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A medida que las ciudades de Oriente Medio y el Norte de África (MENA) expanden sus redes de transporte público para hacer frente a la rápida urbanización, un reto fundamental pone en peligro la fiabilidad del servicio: los primeros indicios de una creciente escasez de conductores de autobús cualificados. Un nuevo estudio exhaustivo de la UITP, que analiza la dinámica de la plantilla de conductores de autobús en los principales operadores de transporte público de la región de MENA, pone de manifiesto vulnerabilidades estructurales que amenazan la sostenibilidad del transporte público en toda la región.

Los resultados dibujan un panorama de un sector construido sobre unos cimientos cada vez menos estables, en el que la creciente competencia internacional por los conductores, la evolución de las prioridades políticas y la transformación tecnológica convergen para poner en tela de juicio el modelo tradicional de trabajadores que ha permitido el rápido crecimiento del sector.

La paradoja de la dependencia de la mano de obra extranjera

Durante décadas, los operadores de transporte de la región de MENA han dependido en gran medida de la mano de obra extranjera para dotar de personal a sus flotas de autobuses en expansión. Este enfoque ofrecía claras ventajas: una rápida ampliación de la plantilla, flexibilidad operativa y acceso a conductores con experiencia procedentes de mercados laborales consolidados del sur de Asia, el norte de África y el este de África. En muchas de las ciudades analizadas, los trabajadores de la conducción son en su totalidad extranjeros.

Porcentaje de los trabajadores locales por categorías profesionales, 2018-2023

Sin embargo, lo que antes era una ventaja estratégica se ha convertido en una vulnerabilidad crítica. Los países europeos, América del Norte y Australia están ahora realizando contrataciones activas de personal procedente de estos mismos grupos de talento, ofreciendo salarios más altos y vías para obtener la residencia permanente. El resultado es una combinación desfavorable de costes de contratación al alza, tasas de rotación cada vez mayores y una disminución del talento disponible en los mercados de contratación tradicionales.

La brecha de la localización

En toda la región MENA, la nacionalización de los trabajadores sigue siendo una prioridad política declarada, integrada en las estrategias nacionales de desarrollo, especialmente en el Golfo, una región con una elevada dependencia de los trabajadores extranjeros. Sin embargo, aunque en algunos puestos administrativos y de apoyo se han registrado avances modestos en materia de localización, los puestos operativos fundamentales —en particular los de conducción y mantenimiento técnico— siguen estando ocupados mayoritariamente por trabajadores extranjeros.

Esta brecha refleja algo más que dificultades de aplicación. El estudio pone de manifiesto los obstáculos fundamentales que hacen que las profesiones relacionadas con el transporte en autobús resulten poco atractivas para los trabajadores locales: horarios laborales largos e inflexibles, un equilibrio entre la vida laboral y personal limitado, la ausencia de itinerarios profesionales claros y la percepción de que la conducción es un trabajo poco cualificado y de carácter transitorio, en lugar de una carrera profesional.

Obstáculos para la creación de un entorno laboral propicio para los conductores de autobús

El estudio identifica varios factores estructurales que perpetúan este patrón. Aunque los niveles salariales son competitivos a escala regional, cada vez se alejan más de las ofertas internacionales a medida que se intensifica la demanda mundial. En algunas ciudades, las cuestiones relacionadas con la salud y la seguridad siguen sin recibir la atención adecuada. Además, el sector debería ofrecer oportunidades de promoción claras —desde conductor hasta supervisor, formador o coordinador de operaciones— que permitan posicionar el transporte en autobús como una trayectoria profesional viable a largo plazo.

Potencial sin explotar: Las mujeres y los jóvenes

El estudio destaca dos segmentos importantes de trabajadores que siguen sin explotarse en gran medida en toda la región. La participación femenina en los puestos de conductor de autobús ronda prácticamente el cero, a pesar de que existen modelos de integración exitosos en otros mercados internacionales. Aunque algunas ciudades han comenzado a cambiar esta situación —sobre todo Dubái y, más recientemente, Mascate, que han empezado a contratar a mujeres como conductoras de autobuses públicos—, se trata de medidas incipientes que aún no se han generalizado. La escasa alcance de las iniciativas de contratación específicas, las políticas de lugar de trabajo que no tienen en cuenta las cuestiones de género y la falta de una infraestructura de apoyo pueden perpetuar esta exclusión, lo que supone una enorme oportunidad perdida para la diversificación de los trabajadores.

Del mismo modo, la participación de los trabajadores jóvenes sigue siendo mínima. Las colaboraciones limitadas entre los operadores y las instituciones de formación técnica o profesional PREVENT el desarrollo sistemático de canteras de talento con arraigo local. Los trabajadores jóvenes, que podrían adaptarse especialmente bien a las tecnologías de transporte en constante evolución, siguen sin estar presentes en la mayoría de las estrategias de contratación.

Varios operadores reconocieron esta carencia, pero señalaron las barreras culturales y las limitaciones de infraestructura como obstáculos. Sin embargo, los primeros proyectos piloto llevados a cabo en determinadas ciudades de la región MENA demuestran que, con los sistemas de apoyo adecuados —entre los que se incluyen instalaciones específicas, horarios flexibles y programas de tutoría—, tanto las mujeres como los jóvenes pueden integrarse con éxito en las operaciones de transporte.

El factor de la automatización

La aparición de las tecnologías de vehículos autónomos añade un nuevo nivel de complejidad a la planificación de los trabajadores. Aunque aún faltan años para que se logre la automatización total de las operaciones de autobuses, la trayectoria de desarrollo de esta tecnología plantea tanto riesgos como oportunidades que los operadores ya no pueden ignorar.


Para los operadores que dependen en gran medida de conductores extranjeros, la automatización podría, en teoría, reducir su vulnerabilidad ante las presiones del mercado laboral mundial. Sin embargo, estas transiciones tecnológicas exigirán una reconversión profesional considerable de los trabajadores, pasando de la conducción tradicional a funciones relacionadas con la supervisión de vehículos, la resolución de problemas de los sistemas, el mantenimiento y la mejora de la asistencia a los pasajeros.

Caminos hacia el futuro

El estudio concluye con un llamamiento a una transformación integral de los trabajadores, en lugar de soluciones fragmentadas. Entre las estrategias recomendadas se incluyen:


Invertir en los ecosistemas de formación locales: Crear centros de formación certificados e institutos de formación profesional que preparen a los candidatos tanto para las operaciones actuales como para las futuras exigencias tecnológicas. Estos programas deberían combinar las habilidades de conducción tradicionales con la alfabetización digital, las competencias en atención al cliente y el conocimiento de los sistemas técnicos.


Mejorar el atractivo profesional: La implantación de modelos de horarios flexibles, políticas favorables a la conciliación familiar y vías de promoción estructuradas que posicionen el transporte en autobús como una opción profesional sostenible, en lugar de un empleo de transición.


Diversificación de la contratación: Desarrollar programas específicos para fomentar la participación de las mujeres y los jóvenes mediante políticas de apoyo en el lugar de trabajo, iniciativas de tutoría y colaboraciones con instituciones educativas.


Marcos políticos coordinados: Armonizar las inversiones en desarrollo de los trabajadores con las estrategias económicas nacionales, garantizando que las iniciativas de localización reciban el apoyo adecuado mediante subvenciones a la formación, incentivos normativos y mecanismos de planificación a largo plazo.


El estudio destaca que estos retos, aunque son importantes, también representan oportunidades estratégicas. Los países y los operadores que inviertan de forma proactiva en la transformación de los trabajadores obtendrán ventajas competitivas en cuanto a la fiabilidad del servicio, la resiliencia operativa y la adecuación a las prioridades nacionales de desarrollo en materia de movilidad urbana.

Una necesidad imperiosa a nivel regional

A medida que la población urbana de MENA sigue creciendo y se intensifica la demanda de transporte público, la sostenibilidad de los trabajadores ha pasado de ser una preocupación operativa a convertirse en un imperativo estratégico. El modelo actual —que depende en gran medida de los mercados laborales externos, es vulnerable a la competencia mundial y no se ajusta a las prioridades de las políticas regionales— no puede sostener la expansión continuada del sector.


La convergencia entre la creciente competencia mundial, la disrupción tecnológica y las políticas nacionales de localización genera tanto una necesidad urgente como una oportunidad para emprender medidas transformadoras. Los operadores de transporte, los responsables políticos, las instituciones educativas y los organismos de desarrollo laboral deben colaborar para crear una mano de obra resiliente y arraigada en la comunidad, capaz de prestar los servicios de transporte público fiables que requieren las ciudades en expansión de la región de MENA y Norte de África.


La cuestión ya no es si es necesario un cambio, sino si las partes interesadas de la región actuarán con determinación para transformar los modelos de trabajadores antes de que las vulnerabilidades actuales se traduzcan en interrupciones del servicio que afecten a millones de personas que se desplazan diariamente al trabajo.

El estudio ofrece una hoja de ruta que ilustra quién es el principal responsable de cada medida recomendada, ya sea por parte de las autoridades de transporte público, de los operadores de transporte o mediante la colaboración conjunta.

Aunque la aplicación concreta de estas medidas variará en función del contexto local, los marcos jurídicos y los modelos operativos, muchas recomendaciones requieren, por su propia naturaleza, una colaboración coordinada entre los organismos gubernamentales, los Operadores y las partes interesadas del Sector para impulsar soluciones innovadoras y sostenibles en materia de trabajadores.